
< El Mito del Manantial >
Instalación en contexto de Este Art Faire (enero 2026)
Conjuntos de esculturas psicoactivas compuestas de cobre, hierro, resina, cerámica, flores, frutos, piedras, huesos, agua, bomba
Texto conceptual
Hay arquitecturas que invitan a demorarse, el Mito del Manantial es una de ellas: un cuerpo espacial que se abre como una flor y deja que la forma respire, se estire y ofrezca sus pliegues como si guardara un secreto antiguo. No replica la naturaleza, la activa en un gesto que vibra entre lo orgánico y lo simbólico.
El visitante ingresa a un espacio donde los materiales hablan bajo otra lógica: cobre, ladrillos, agua en movimiento. Todo parece dispuesto para recordar que la materia también pulsa. La caída del agua es un ritmo que alimenta la circulación interna de la obra, como si cada gota tejiera un hilo entre la tierra y el cielo.
En el corazón de la instalación aparece una Virgen, un objeto que no señala devoción sino orientación. Acompañada de Ángeles, Maestros Ascendidos, y Luces que la protegen y asisten. Un punto donde la mirada se eleva, donde algo se alinea sin necesidad de nombrarse. Allí, la arquitectura se vuelve casi un susurro: un espacio que, por un instante, parece contener un brillo mitológico, una vibración previa a cualquier lenguaje.
El Mito del Manantial propone una intimidad activa. Una disposición sensible, un modo de entrar en contacto con la energía vital que sostiene el deseo de estar vivos. Es un lugar donde la sensualidad se despliega como una corriente suave: una predisposición, un encenderse por dentro.
Más que ofrecer una experiencia, la instalación abre una pausa. Un tiempo para percibir cómo lo que asciende y lo que desciende se tocan, cómo la forma y el símbolo se mueven en un mismo flujo. Tal vez ahí resida su fuerza: en habilitar a que cada quien encuentre su propio relato a partir de sensaciones de la presencia, sin instrucciones ni traducciones.










